Mi amor por Castilla nació a partir de la estancia en Salamanca durante mis siete años universitarios. Desde entonces se hizo un hueco en mí, me hice un hueco en ella, y ya nunca me abandonó. Me fascina su paisaje, todo lo evocador y legendario de su historia, lo que viene a mí desde su pasado cruzando los siglos y tejiendo España, tejiéndome a mí también. ¡Castilla! Nombran a Fernán González y me emociono; nombran al Cid, y me emociono; veo un castillo en ruinas -mejor si está en ruinas- y me emociono; nombran Burgos, Medina, Zamora, las Urracas, los Sanchos, Alfonso X, Covarrubias, Tordesillas, el Duero, Machado, los Alvargonzález, y me emociono. ¡Castilla! Sus arboles solitarios en medio de las planicies, sus encinas, sus labradíos inmensos, las iglesias enormes, altísimas, avistadas desde lejos, sus pueblos de barro. Cierto, ancha es Castilla, y profunda, y regia, y recia. E insoportablemente hermosa.
Amén.
ResponderEliminarCastilla tiene tela, no tela marinera -que sería Santander, Cantabria ahora- porque no vamos a entrar en las antiguas "regiones".
ResponderEliminarPero otra tela, más aspera, más recia, y otras muchas simplemente de tejido bien trabado, humilde y desconocido.
¿Que es Castilla? Una colegiata en mitad de ninguna parte...
Un abrazo de una "de Valladolid" a un gallego
Aurora
Vaya, así que eres pucelina. ¡Pues que bien!
ResponderEliminar"Guía espiritual de Castilla", de Jiménez Lozano. ¡Guau!
Preciosa (también la de Andalucía, que conste) pero esta Castilla ancha, profunda, regia y recia. Sí, es insoportablemente hermosa.
ResponderEliminarEnhorabuena por los dos textos.
Muchas gracias, Olga. ¡Sea por Castilla!
ResponderEliminarYo soy andaluz, pero cuando contemplo esos pueblos castellanos, pequeños de iglesia grande, me emociono.
ResponderEliminar