domingo, 1 de mayo de 2016

El poeta cierra los ojos

El escritor es retráctil y se esconde tras los muros de su prisión, donde el espíritu, libre de la competencia de los grandes espacios, despliega él mismo la altura y la anchura, la profundidad y la longitud. Así recluido, sin horizonte para la vista, el poeta cierra los ojos y deja que sean sus propias imágenes interiores las que le ensanchen y proporcionen un horizonte distinto, aquel de cuya medida penden las glorias y las leyendas que su mano escritora forjará. Habiendo apartado de su vista cualquier otro infinito, mira hacia dentro con la esperanza de que se le insinúe el suyo propio, al que querrá vestir con las metáforas y los arabescos de su genio. Si tarda en aparecer, si acaso ese día no apareciera, el poeta no tendrá más remedio que acomodarse a su pobreza, a la espera, eso sí, de que una nueva jornada lo halle más propicio para ser visitado por lo inmenso.

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