domingo, 13 de marzo de 2016

El drenaje del sufrimiento

Muchas veces el dolor no deja sabiduría sino todo lo contrario: la carne se enrigidece y dispara los resortes de la amargura y el odio. ¿Muchas veces? Tal vez no tantas. Hay que ir muy a la contra de la vida para que el dolor no deje tras de sí un espíritu más dócil y flexible, más preparado. Lo contrario, aquella amargura y aquel odio, exigen una posición de fuerza, de encastillamiento continuo, de oposición, que tienen que agotar el alma. Es más fácil dejarse drenar por el sufrimiento, consentir todas sus operaciones, para ser al final mejores de lo que éramos antes, más comprensivos y más buenos. Tal facilidad no significa automatismo, desde luego, pues nada es automático en el reino del espíritu, sino el indudable enriquecimiento que supone aceptar las pérdidas que la vida va trayendo. Al que no las acepta se le dobla el trabajo: no solo tiene que soportar, aunque no quiera, la pérdida, sino que tiene que alimentar el fuego de su ira para poder seguir reconociéndose como aquel que no ha aceptado.

3 comentarios:

Isabel Blanco dijo...

A veces el dolor si te deja un poco más sabio...pero pagas un alto precio.

Isabel Blanco dijo...

A veces el dolor si te deja un poco más sabio...pero pagas un alto precio.

Suso Ares Fondevila dijo...

El precio es alto, sí, y la sabiduría no siempre está garantizada.