domingo, 6 de marzo de 2016

El filo

"De cuando en cuando un hombre tiene que dar un paso al frente y escupirle en la cara a la destrucción por su propio bien. Tiene que sacarse filo a sí mismo, como si estuviera poniendo el hacha contra la piedra de afilar".
(William Faulkner, Sartoris)

La madurez que otorga el paso del tiempo tiene otro perfil, más suave y menos acerado, como la fruta que, más allá de su sazón, posee ya algunas zonas blandas, como maceradas. El perfil que describe Faulkner, que por su carácter brioso parece corresponder más a una fogosa juventud, se ha dulcificado y los años mayores, y más aún los postreros, en vez de afilarse como “el hacha” se dejan redondear y no ofrecen ya una línea cortante. Sin embargo, un hombre enfrentado a su destino, con el perfil tan afilado como el de un “hacha”, es una imagen fascinadora. Lo que ella en su aparente titanismo tenga de desolador no obsta para que deje un rastro de honda reciedumbre. Es como un arrebato de dignidad que hace prevaler su aspecto desafiante y batallador. Será, por eso, hermoso que alguna vez nos veamos así, mascarones de proa que enfrentan con total gallardía el embate de las olas.

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