domingo, 6 de septiembre de 2015

La batalla

Llega una edad en la que ya no se te esconden los propios defectos y, así, si eres envidioso, egoísta y rencoroso te las ves frente a frente con tu envidia, tu egoísmo y tu rencor. Caen los velos que los ocultaban, o con los que te los ocultabas, y te ves asido por ellos de tal modo que sólo entonces comienzas a ser responsable, al hacerte consciente de sus ataduras. La batalla en su contra la emprendes ahora, y solo ahora -antes no podías-, y algún fruto vas obteniendo. Sus amarras se aflojan y te sientes más libre. Claro que a poco que te descuides vuelven a hacerte siervo y encadenarte a ellos. La lucha proseguirá toda la vida, tú forcejeando por ser libre y ellos por continuar siendo amos.

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