domingo, 16 de agosto de 2015

Sábanas

SÁBANAS

En el imaginario doméstico las sábanas tuvieron siempre un estatus especial. Su blancura, el modo como lucían al sol mientras se secaban en las huertas, en los tendederos de las ventanas y en las terrazas, desplegadas al viento, anchas y largas, como velas de barco, la lisura que recobraban tras ser planchadas y dobladas, el confort que daban a los armarios y arcones que las guardaban, los bordados primorosos que exhibían, su condición de vestido del lecho, que así ya no era sin más jergón sino cama en la que uno se recogía para dormir y amar, cama limpia con sábana limpia. Todo esto hacía de la sábana la bandera doméstica, quizá en competencia con el mantel, o en comandita, banderas de una paz hogareña.

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