domingo, 30 de agosto de 2015

Nubes

Llevo un rato meditabundo y mis ojos se dejan llevar por la procesión de nubes que el viento no se cansa de empellar. Algodonosas o filiformes, breves o copiosas, nunca han depuesto ante mí su oficio de eternas vagabundas, siempre insinuantes y siempre huidizas, dejando ese poco suficiente que nos invita a descifrarlas pero rápidamente volátiles para que de ellas sólo nos quede un sueño. Seres en tránsito, no sólo por su incesante andadura sino sobre todo por su forma inacabada, por su estar siempre a punto de ser algo que nunca acaba de fijarse, ¿no han de ser el estímulo de nuestro propio vagabundeo, que nos hace hábiles componedores de vapores y fantasías y en el que nuestro espíritu, cansado de tercas exactitudes, se abandona a su propia voluptuosidad?

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