sábado, 2 de mayo de 2015

De un sueño

Dios se acuesta sobre sí, bebe
de su íntima paciencia,
calla, rezuma fuego,
aprende a esperar con ojos
infinitamente dilatados.
Es legendaria su entereza, su cólera
contenida en los límites
de un admirable sosiego.
El hombre le desvela,
le hace soñar quimeras de días
futuros, de días mejores
que han pasado
y que volverán.
A este deseo el ritmo claro
de su corazón se acoge,
y alguien más lo sabe, alguien
en la tierra,
embebida también su alma
de un sueño.

No hay comentarios: