domingo, 5 de abril de 2015

Portentoso Dios

No hay ocio
en Dios aunque todo sea ocio
en él,
y pasión, aventura, ganas
de no estarse quieto cuando es la quietud
misma, el sosiego,
que trabaja de amor en amor, galopando.
Por eso tenía un hijo y no era un Dios
solitario, ni aburrido,
el hijo de sus sueños, el hijo eterno
de sus sueños eternos, el hijo desde siempre, para siempre
el hijo.
Y de los dos, padre e hijo, el espíritu
santo y seña, 
broche de consumación,
lazo, tono final de un acorde
perfecto, reunión de lo siempre
reunido, el tercero necesario
y que hacía falta.
Portentoso Dios, que es Padre,
sorprendente Dios, que es Hijo,
admirable Dios, su Espíritu.

No hay comentarios: