domingo, 15 de marzo de 2015

Yo vi

Yo vi como una extensión de cebada podía ser un mar, como el aire, al agitar su superficie, creaba olas verdes, como cambiaba la tonalidad del color. También vi contender en belleza un cielo malva y un extenso cereal amarillo, mientras multitud de cigüeñas se congregaban en el suelo. Retengo la silueta de una ciudad oriental sobre el fondo de un atardecer bellísimo. Todavía resuena el estruendo del viento sobre las aguas de un inmenso estuario, el coro de nubes en torno a los picos rocosos de un plantel de montañas, su aire tan puro. Y aquel pueblo blanco que caía como una cascada de cal, celebrando la luz, también está aquí. Los lagos, las casas de madera con sus geranios, las montañas de aquel país de fantasía, ¿cómo olvidarlos? Se tiende la umbría de un bosque de pinos, el paseo imposible entre sus troncos, la villa que no se ve y está sólo a un paso. Los castillos del rey loco se alzan en un día lluvioso y de humor triste.
Vuelve, al conjuro de una voluntad deseosa, lo que he vivido, lo que no me ha abandonado.

(De mi libro Sangre y nieve)

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