martes, 6 de enero de 2015

Mi generación


Foto de una generación, la que en el año 1982 tenía 17 años y cursaba 3º de BUP en el Colegio María Inmaculada de Silleda. El último curso de BUP era el de las excursiones, y en la nuestra estábamos, pernoctando, creo, en un hotel de Salamanca. Ya no recuerdo que profesores nos acompañaban pero el caso es que, o no se enteraron, o hicieron oídos sordos a nuestra reunión en una de las habitaciones. Nos apelotonamos como buenamente pudimos encima de una cama para salir en la foto; faltaban algunos, tal vez la mitad de los que íbamos en la excursión; o no se enteraron de la cita, o no quisieron acudir, o, aun estando presentes, no cupieron simplemente en la foto. Yo soy el único que tiene gafas, y un sombrero hongo que no sé de qué cabeza vino a parar a la mía.


¿Quién le iba a decir a A. que se moriría a los 44 años de un edema pulmonar? ¿Y quién a C. que perdería a un hijo en un accidente de moto? Nadie nos iba a decir, ni entonces ni nunca, lo que nos acontecería en el curso de nuestra vida y mejor así porque, como dijo alguien, la ignorancia del futuro es una de las condiciones de la libertad. Sí, ignorábamos nuestro futuro, como lo ignoramos siempre, y en este sentido éramos libres, somos libres.


M. F., la que está de perfil en el lado derecho de la foto, era la más guapa de las chicas: se parecía a Jane Fonda. Ella y Ch., al otro lado de la foto, creo que ya tenían puesto el camisón. Las suelas llenas de círculos que aparecen en primer plano son las de Luis, mi gran amigo de la infancia, hoy un perfecto desconocido para mí, muy a mi pesar, y al que veo de años en años. C., al fondo, se alza todo lo que puede para salir en la foto, levantando la barbilla y apoyando sus manos en la pared. A S., su gran melena le da un aire pop, sesentero, hippy, misterioso; por ser la única que está seria, parece la más adulta, la que se distancia y nos supera. Un día me encontró a través de internet y me dejó un comentario en mi blog. ¡Menuda sorpresa! M. es la que posa más serenamente; a ella la foto no la pilla desprevenida, está preparada. En realidad lo estamos todos, y de ninguno se puede decir que haya salido mal. Tenía que ser V., claro, la que le pusiese los cuernos a Luis. De los presentes, sólo sé que no se casó T. ¿Seremos ella y yo los únicos que no lo hemos hecho? Al menos doce de los que salen en la foto matrimoniaron y dos de ellos se han separado, según lo que sé a día de hoy. Falta gente importante, como M., otro gran amigo de la infancia, y sobre todo Sonia, mi amistad más antigua. Querida amiga, ¿dónde te habías metido? ¿Te habías quedado con R., B. y M. en tu habitación?


Cuanto más miro la foto más me gusta, más me adentro, más me encuentro en ella. ¡Qué maravilla la capacidad de la fotografía para captar un instante y hacer que permanezca vivísimo para siempre! Debajo, sosteniéndolo, la fluencia del tiempo, manadero inacabable. Los que estamos en la foto no moriremos nunca.

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