miércoles, 22 de enero de 2014

Lo mínimo y lo máximo (pro vida)

Esta entrada de Enrique me anima a traer aquí el siguiente texto, "Lo mínimo y lo máximo", perteneciente a mi libro Sangre y nieve:
Es un prodigio que lo diminuto, lo más pequeño, tenga el mismo derecho a la existencia que lo grande o muy grande: que junto a la maroma exista el pabilo, el trébol junto a la secoya, la hormiga junto al elefante, el pegujal junto a la estepa, el alcor junto a la montaña, el aerolito junto a la galaxia, el colibrí junto al cóndor, el arroyuelo junto al gran río, el peón junto al presidente, la trocha junto a la autopista, la brisa junto al huracán, el carámbano junto al iceberg...
(Es un prodigio asistir a este juego del universo en que lo mínimo no muere ante lo máximo, sino que persiste en toda la gracia y finura de su ser. Hay aquí distensión y no gigantismo ni enanismo, el infinito revelándose no sólo en lo más grande sino también en lo más pequeño. Dos miradas son posibles: la que contempla el gran cielo y sus estrellas y la que busca el trébol de cuatro hojas. ¿Cuál de ellas ha logrado saber más acerca del infinito?)

... la ermita junto a la catedral, el guijarro junto a la roqueda, la saetera junto a la balconada, el taburete junto al solio, el hermano lego junto al cardenal, el patinete junto al camión, la cala junto al océano, la gota junto al diluvio, el encinar junto a la selva, la chispa junto al rayo, la candela junto al sol, el segundo junto al milenio...

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