martes, 1 de octubre de 2013

Memoria e historia

Gracias a este texto de Tony Judt:
“Mientras que la historia adopta necesariamente la forma de un registro, continuamente reescrito y reevaluado a la luz de evidencias antiguas y nuevas, la memoria se asocia a unos propósitos públicos, no intelectuales: un parque temático, un memorial, un museo, un edificio, un programa de televisión, un acontecimiento, un día, una bandera. Estas manifestaciones mnemónicas del pasado son inevitablemente parciales, insuficientes, selectivas; los encargados de elaborarlas se ven antes o después obligados a contar verdades a medias o incluso mentiras descaradas, a veces con la mejor de las intenciones, otras veces no. En todo caso, no pueden sustituir a la historia” (Pensar el siglo XX),
 y a este otro de Stanley Payne:
“La «memoria histórica» o «colectiva» es en sí misma un concepto ficticio, un espejismo, porque, hablando con propiedad, tal cosa no existe. La memoria no es ni colectiva ni histórica, sino intrínsecamente personal, individual y, por tanto, subjetiva. En sentido estricto, la Historia es un campo para el estudio erudito cuyo objetivo es ser lo más objetiva posible, lo que suele derivar en inevitables conflictos entre ésta y la memoria” (40 preguntas fundamentales sobre la Guerra civil),
... puedo yo poner en su sitio, un mal sitio, a la zapaterista Ley de la memoria histórica.

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