martes, 27 de agosto de 2013

Realidad política

Realidad: dícese de aquello que es oscuro. Realidad política: dícese de aquello que es todavía más oscuro. Siendo esto así, tan, tan así, sobre todo en lo que a la política se refiere, o por lo menos viviéndolo yo así, no es extraño que mi entendimiento de ella tropiece una y mil veces para acabar no entendiendo nada. La política es el hecho abstruso que estoy condenado a no comprender. Tengo no obstante a día de hoy tres textos -espero ir encontrando muchos más- que, cual luciérnagas, me ayudan a abrirme camino en medio de ella. Uno es de Fernando Savater, otro de Ortega y Gasset y el tercero de Tony Judt:
“Muchas veces somos demasiado exigentes con las promesas de los políticos. Estos personajes las utilizan para ofrecerse y venderse a los electores.
De todas formas, habría que preguntarse: ¿les toleraríamos que no nos hicieran esas promesas? ¿Realmente votaríamos a un político que confesara sin pudor sus limitaciones, o que reconociese que las dificultades son grandes y que, a corto plazo, no podría resolver los problemas, o que va a exigir grandes sacrificios a la población? ¿Cuántos hombres podrían prometer, como hizo Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial: «Sangre, sudor y lágrimas»? ¿Admitiríamos que un político nos dijese la verdad con crudeza, y nos exigiese que le aceptásemos?
Muchas veces nos quejamos de que los políticos mienten, pero de forma inconsciente les pedimos que lo hagan. Nunca los votaríamos si dijesen la verdad tal cual es, si no diesen esa impresión de omnisciencia y omnipotencia que todos sabemos que están muy lejos de poseer. De modo que aquí hay una especie de paradoja: por un lado no queremos ser engañados por los políticos, pero a la vez exigimos que lo hagan”.
(Fernando Savater, Los diez mandamientos en el siglo XXI)
“...del hecho mental mío consistente en que yo detesto toda política, la considero como una cosa siempre e irremediablemente mala, pero a la vez inevitable y constituyente de toda sociedad. Me permito el lujo de enunciar este hecho que en mi se da, sin más explicaciones ni fundamentos, porque en otro lugar espero hacer ver, con perfecta diafanidad y evidencia, qué es la política, por qué en el universo hay una cosa tan extraña, tan insatisfactoria y, sin embargo, tan imprescindible. Entonces veremos cómo y por qué toda política, aun la mejor, es, por fuerza, mala; por lo menos, en el sentido en que son malos, por buenos que sean, un aparato ortopédico o un tratamiento quirúrgico”.
(José Ortega y Gasset, El hombre y la gente)
“Cualquier decisión —incluyendo cualquier decisión correcta— implica sacrificar ciertas opciones: privarse del poder de hacer ciertas cosas, algunas de las cuales bien podrían haber merecido la pena. En resumen, hay elecciones que tenemos razones para hacer pero que implícitamente implican rechazar otras cuyas virtudes sería un error negar. En el mundo de la política, como en casi todos los ámbitos de la vida, todas las decisiones que merecen la pena conllevan pérdidas y ganancias importantes”.
(Tony Judt, Pensar el siglo XX)

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