En cada edad la sonrisa tiene su luz. La de un anciano, asentándose sobre la decadencia del final de los días, le hace a ésta un guiño cómplice, haciendo suyas las palabras de Gil de Biedma: “Envejecer tiene su gracia”. Esta gracia que salta en los rostros de nuestros mayores es uno de los más tiernos regalos que nos hace la vida.
Creo que lo que pasa por la cabeza de un viejo, no nos lo podemos imaginar los más jóvenes. Están a otra altura.
ResponderEliminarBueno, sobre los viejos que tiene uno cerca si es posible imaginar lago, ¿no? Digamos que están a una altura accesible.
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