jueves, 4 de junio de 2009

Homosexualidad

Con respecto a la doctrina de la iglesia sobre la homosexualidad, comparto los principios de los que parte, o mejor, el fondo del asunto, pero no las conclusiones a las que llega. Me explico.
Los dos grandes mundos referenciales, de acuerdo con la visión del Génesis, son el hombre y la mujer, el mundo masculino y el femenino, perfectamente interpenetrables, hasta la cópula, perfectamente complementarios, perfectamente distintos y perfectamente, por todo ello, referidos el uno al otro, hasta llegar a hacerse una sola carne. La unión sexual prototípica, paradigmática, la que de veras alcanzaría la plenitud porque engloba esos dos grandes mundos, es la que se daría entre un hombre y una mujer. Pene pide vagina, vagina pide pene: de aquí, unión profunda, nacerán los hijos, gloria, y poder, y regalo, del amor sexual. La unión entre dos personas del mismo sexo, en cambio, hombre y hombre o mujer y mujer, no alcanzaría esa perfección paradigmática, ontológica, esa plenitud simbólica. No es en absoluto baladí, sino decisivo, que pene con pene o vagina con vagina no tengan el poder, la gloria, el regalo, de engendrar hijos. Mundo masculino con mundo masculino, mundo femenino con mundo femenino, no tendrían la misma carga de profundidad paradigmática, ontológica, simbólica, que sí tendría mundo masculino con mundo femenino, los dos grandes universos.
Ahora bien, en tanto que el homosexual, hombre o mujer, no ha decidido serlo, no se ha plantado un día ante el espejo para decirse y decir a todos: “Ea, voy a ser homosexual”, sino que se ha encontrado siéndolo: “Vaya, así que soy homosexual, mi deseo y atención se dirigen, irremediablemente, a las personas de mi mismo sexo”, y sólo pueda vivir una unión homosexual dado que la heterosexual le está, por naturaleza y condición, vedada, ¿deberá, por eso, ser condenada como pecado a nivel moral tal unión porque a nivel paradigmático, ontológico, simbólico, no alcance la plenitud del “una sola carne” que describe el Génesis? De la imperfección ontológica, ¿se sigue en este caso la imperfección moral? No lo veo nada, pero que nada claro. Disiento.

10 comentarios:

Máster en Nubes dijo...

Suso, amigo, daría para comentar mucho, lo haré otro día porque creo que no es para 2 líneas y ahora no tengo tiempo, espero que me perdones.

Pero te mando un abrazo de momento. Y creo que tu disenso demuestra valentía para empezar. A mí me gustan los hombres, y los hombres valientes muy en concreto y muy especialmente.

Y si son gallegos más.

Lo dicho un abrazo, bueno 2.

Aurora

Suso Ares Fondevila dijo...

Maestra, osezna, Máster: que sean tres mis abrazos para ti.
Genial tu aportación al debate sobre el clericalismo en el blog de Cotta. Deberías publicarlo como entrada en tu blog. De una clarividencia asombrosa.
A mí también me gustan las mujeres valientes.

Javier Sánchez Menéndez dijo...

Comparto plenamente tu opinión y tus planteamientos.

Y soy de Cádiz.

Un abrazo.

Suso Ares Fondevila dijo...

Un abrazo, Javier.
Conozco Cádiz, me encanta Cádiz.

Alderaan dijo...

Cuántas tonterías se han dicho sobre este tema y cuántas injusticias se han cometido por ello! Estamos todos revueltos en este mundo que nos ha tocado vivir, y hay que convivir todos juntos en perfecta armonía, aunque seamos hombres o mujeres, de derechas o de izquierdas, blancos o negros, altos o bajos, guapos o feos, católicos, protestantes, musulmanes o agnósticos, hetero o homosexuales... debemos buscar nuestra igualdad ante todos basándonos, especialmente, en nuestras diferencias.

Me ha gustado mucho tu escrito, Suso. En especial la parte que uno no elige ser homosexual, y para el caso, tampoco elige no serlo. Es una verdad aclaparadora.

Gracias

Suso Ares Fondevila dijo...

Convivir, siendo diferentes, contrastando argumentos, razonando, hablando, con serenidad siempre, con paz.
Gracias a ti, Alderaan.

Juan Antonio Glez. Romano dijo...

Muy razonable, Suso. Tus objeciones son, valga el oxímoron, inobjetables: si no se elige ser homosexual (o hetero), ¿puede derivarse de ello alguna culpa?
Sobre esto habría mucho que hablar. La naturaleza, o Dios, son sabios: el hombre necesita alimentarse para sobrevivir, y por eso está hecho de manera que encuentre placer en la comida. También necesita procerar para mantener la especie, y estamos hechos par que el placer contribuya a que esa procreación se produzca. Hasta ahí, bien. Ahora: ¿es pecado comer solo por placer, más allá de la pura necesidad fisiológica de alimentarse? Un postre, una exquisitez culinaria, ¿son pecado?
Y el mismo planteamiento lo podemos aplicar al placer sexual. Despojado de su interés procreador, ¿se convierte en un pecado? El DIos que hizo placentero el sexo, ¿puede castigar al ser humano por desear ese placer?
Nos haces pensar, Suso, y eso siempre es bueno. Un abrazo.

Suso Ares Fondevila dijo...

El placer sexual, querido Juan Antonio, es palabra de Dios: El Cantar de los Cantares pertenece al canón bíblico, Cantar del eros, del amor interhumano. ¿Nos quedará claro esto a los católicos de una vez para siempre?

Jesús Cotta Lobato dijo...

Suso, este asunto me interesa especialmente. Cuando me preguntan sobre esto, yo nunca sé bien qué decir. Por un lado, pienso que no tenemos el poder de variar las categorías de hombre y mujer, porque las ha hecho Dios y, como tan bien explicas, esconden una gran profundidad ontológica, pero, por otro, me cuesta trabajo condenar como pecaminosas las relaciones homosexuales, porque el impulso sexual y la necesidad de amor son demasiado fuertes y bellos como para renunciar a ellos durante toda la vida. Así que al final siempre tiro por la calle de enmedio y apelo a la misericordia de Dios. Un abrazo.

Suso Ares Fondevila dijo...

La calle de en medio... Buena imagen. Los homosexuales no serían los que están en la acera de enfrente.
Un abrazo.